Parábola: Una oportunidad más

Foto: Depositphotos

Érase un hombre que al final del día se consideró “muy de malas”. Cierta mañana este hombre al despertar se encontró tendido en el piso al borde de la cama, tenía sus piernas mojadas como si hubiera sudado durante la noche y junto a él su fiel y siempre amigo perro. Fue al baño y cuando le tocó utilizar el papel, se encontró que apenas quedaban unos pocos centímetros del mismo y cuando se iba a lavar sus dientes, ni crema dental había.

Ya bajo la ducha y cuando creía que el mal momento había pasado, en un ligero movimiento le resbaló el jabón de sus manos y al inodoro fue a parar. Sus hijos antes le habían dejado la toalla de salir del baño como si se hubieran secado con ella con la ducha abierta. Su desayuno apenas alcanzó a un cuarto de taza de café y una migaja de pan, pues, ya su suegra y sus cuñados habían desayunado primero.

¿Qué pensaría este hombre? Que la vestirse se encontró con lo único que su esposa le había alistado: Pantalón negro, medias café, chaqueta sin planchar, camisa amarilla y corbata azul a cuadros y para rematar ¡en tenis!, pues sus únicos zapatos su esposa se los había prestado con el mejor vestido a uno de sus hermanos para que asistiera a una entrevista de trabajo en la empresa donde este trabajaba.

Aun así, y con gran preocupación se preparó a salir, no sin antes haberse quedado sin dinero, ya que su esposa ha invitado ese día a unos vecinos a almorzar a su casa para celebrar la visita de su madre y sus hermanos, y al perro también tocaba llevar a la peluquería ya que venían sus más cercanas admiradoras, Connie, Coqui. Motitas y Pelucas.

Llovía torrencialmente, como nunca había caído tanta agua. Pero cuando fue a buscar el paraguas para dirigirse a su carro, el cual había dejado a 5 cuadras la noche anterior para que se lo lavaran, se acordó que lo ha dejado en el baúl del automóvil. Sin embargo, y al borde de la desesperación, para protegerse de la lluvia cogió una capota de plástico que recién habían impreso la tarde anterior. No sé porque diablos esta empezó a desteñirse.

Y cuando llegó a recoger su automóvil este no se encontraba, ¡se lo habían robado! No cabía más desesperación en su mente y así corrió a su empresa, sin dinero para el pasaje de bus. Como era de esperarse, llegó tarde al trabajo. Al entrar se encontró con su cuñado el cual estaba feliz porque le habían dado el trabajo. Y su jefe al ver que este no llegaba con la muestra de publicidad que debía entregar urgentemente a uno de sus proveedores, decidió despedirlo del trabajo.

De regreso a su casa se dedica a caminar durante horas por las calles de la ciudad, pensativo acerca de su suerte y el día crítico que acaba de pasar.

Saca su celular al que le quedaba solamente un (1) minuto de servicio y llama a su esposa para contarle lo sucedido. Ésta, medio le presta atención ya que esta viendo la telenovela de la mañana y el galán de la misma acaba de tener una decepción y esta a punto de suicidarse.

Se cortó la comunicación. Luego, nuestro amigo decide entrar a un bar con el objetivo de beber un trago de cualquier licor. Una vez dentro del lugar pidió una copa doble de licor, la coge, levanta el codo y cuando se disponía a beberlo, ¡Zas! llega alguien se la rapa y se la toma.

Nuestro amigo del cuento cuan asombrado se mostró con la actitud del forastero quien a su vez le preguntó: ¿Por qué quería tomar tan temprano?… Entonces, nuestro amigo que sudaba copiosamente siente un aire que rosa todo su cuerpo y le cuenta todo lo sucedido en el día.

Empieza a narrar…
Que al levantarse en la mañana se encontró tendido en el piso al lado de la cama, mojado y junto a él su perro.
Cuando iba a utilizar el papel higiénico de este ya no quedaba nada al igual que la crema de dientes.
Cuando se bañaba el jabón se le fue por el inodoro, la toalla se encontraba empapada y no pudo secarse.
En ayunas se quedó por culpa de su suegra y sus cuñados.
Le tocó vestirse como cualquier “yupi de la ciudad” ya que su ropa se la había llevado su cuñado.
Su esposa le había dejado sin dinero, pues había invitado a los vecinos y hasta la perrada del barrio para celebrar la llegada de su suegra, claro, no sin antes llevar a su adorado perrito a la peluquería y la boutique canina ya que debía lucir bien para sus perras admiradoras.

Que cuando salía para el trabajo llovía torrencialmente, fue a buscar el paraguas y se acordó que lo había dejado en el baúl del carro, el cual había dejado a varias cuadras para que se lo lavaran durante la noche. Camino a allí, se protegió con una capa de plástico la cual se destiñó. Al llegar se entera que se le habían robado el carro.

Que luego, corrió a su empresa la cual quedaba a diez kilómetros. Sin dinero y empapado, como era de esperarse llegó tarde al trabajo. Con la capota de plástico desteñida y que era una muestra final de publicidad electoral de la empresa (el papá del jefe aspiraba a la alcaldía de la ciudad).

Que el jefe lo despidió de la empresa y en la calle se quedó. Desesperado fue al banco y sacó el poco dinero que le quedaba, se dirigió a una farmacia y compró el veneno más fuerte y efectivo que existía…

Y ahora, vengo a este bar pido una copa doble de licor, le vierto el veneno y cuando ya en mi última decisión me dispongo a tomármelo, ¡Llega alguien como Usted, me lo quita y se lo toma!

¿Buena suerte o mala suerte? ¿Aún cree que Ud. es el único que está en crisis y que esta no tiene solución? (Recuerde la historia de Abraham cuando iba a sacrificar a su hijo)

¿Cree que Ud. se encuentra solo en un momento decisivo de su vida? (Claro no espere a que alguien siempre va llegar a quitarle la copa y a tomársela por Ud.) Alberto Ortiz Santana, conferencista y asesor de empresas.