LOS PROBLEMAS

Sólo hay una salida para solucionar los problemas, y es enfrentándolos, y en caso de no tener solución, (Que todo tiene solución) nada ganamos, con lamentarnos y sufrir por ellos, aceptémoslo y tengamos cuidado de no caer nuevamente en ellos.

Los problemas nunca se podrán solucionar quejándonos de ellos, culpando a otros a la misma vida, o peor aún a Dios, no cerremos los ojos y aceptemos que tuvimos mucho o todo que ver para que estos se dieran.

Recuerdo que recientemente encontré a un hombre que mendigaba en el mercado, aún se veía fuerte el señor para realizar algún trabajo para su manutención y no tener que mendigar, pero bueno, esa fue su decisión y es algo que no me debe importar.

Mientras compraba yo algunas cosas y me hurgaba los bolsillos en busca de una moneda para dársela a esta persona, y al no encontrarla le dije:
Espéreme un momento mientras me despachan (Atender) y me dan mi cambio para darle.

Conversando con la dueña del local mientras me estaba atendiendo surgió un comentario acerca de los cañeros (Personas que siembran caña) la persona que mendigaba intervino en la conversación diciendo:

– Yo sembraba caña y me iba muy bien.

Volteamos a ver al hombre la mujer del negocio y yo, sorprendidos de su respuesta y de la situación en que se encontraba.

Entonces le pregunté al señor intrigado al ver su situación actual:

– ¿ Y qué ha sido de su vida ?

El hombre contesto:

– La mujer me salió mala, se fue con otro hombre, y yo me di a la perdición, A beber, y los hijos se fueron con ella y uno de mis hijos vendió la tierra donde yo sembraba y me quedé sin nada.

Entonces le respondí:

No señor, a mi parecer no es que su mujer le haya salido mala, lo que hizo usted mal, quizá, fue el trato que le dió, no solo a ella, sino también a sus hijos, pues para que ellos hubieran decidido seguirle fue porque usted quizá no representaba la figura paterna que ellos hubieran deseado tener, si la mujer se fue con otro como usted dice, era motivo más que suficiente para que ninguno de sus hijos la hubiera seguido, al contrario la hubieran rechazado y darle afecto a usted por lo malo de su proceder de la mujer hacia usted, pero si sus hijos la siguieron fue por quizá eso así no sucedió como nos lo cuenta usted, es fácil echarle la culpa a alguien y más aún cuando la otra persona no está para dar su versión de los hechos.

Las mujeres soportan mucho, es fácil culpar a otros de cuanto nos sucede y aún es más fácil cuando el otro no está presente, somos nosotros participantes en un porcentaje alto de nuestros problemas.

¿ Por qué no cambia su discurso y dice:

“ Mi mujer y mis hijos se fueron porque yo no los trataba bien, porque a ella la golpeaba, porque era yo un borracho, un desobligado, un mujeriego, un mal padre ”

Claro eso no va a decirlo usted porque no le conviene.

Le di un par de monedas a la persona y se retiró, diciéndome la dueña del comercio:

– Es verdad, el hombre este está contando las cosas a su conveniencia, que bueno que le dijo eso.

Como podemos ver, nos encanta culpar a otros, al destino, a la rutina, a la vida, a las circunstancias, a Dios, en fin a todos, de las cosas de las cuales también somos culpables nosotros, pero sólo vemos lo que nos hacen, no lo que hacemos.

Quejarse no es un indicativo de infelicidad, quejarse será una necesidad si no ¿Cómo podremos cambiar lo que no deseamos, lo que no nos agrada, lo que nos afecta?

Exacto, lograremos cambiar dialogando, externando nuestra necesidad.

Sentir y tener felicidad no es estar libre de problemas, ni de situaciones desagradables, ser feliz es tan fácil y a muchos se les hace tan difícil, porque no han descubierto que la felicidad es una decisión, que a felicidad no depende de una situación agradable o estar libre de problemas, eres feliz porque así lo has decidido, no hay más.